Haidar observó a Kaled con una intensidad que rara vez mostraba. La noche envolvía el palacio en un manto de quietud, pero entre los dos hermanos, una corriente de tensión subyacente comenzaba a aflorar. Y Kaled sabía perfectamente de qué quería hablar, y esperaba que Haidar no lo sacase de su paciencia. —Adelante… —Kaled lo instó y Haidar se giró para llenar otro vaso de un John Walker, una de las bebidas favoritas de Kaled, y se la ofreció. —Creo que, al igual que todos, estoy impactado con esa chica… —Kaled tomó su primer trago y se mantuvo serio—. Yo… entiendo que es la prima de Aisha… entiendo que se mantiene un poco alejada, pero no puedo Kaled, siento que debo retenerla, que debo arrodillarme a sus pies y decirle que me dé una oportunidad de conquistar su corazón. Kaled apretó

