—Kaled… ¿Amor? —Kaled parpadeó varias veces y en su visión apareció Aisha. Su ceño se arrugó y se levantó de golpe. —Nunca habías dormido hasta tan tarde… —él observó el reloj digital. Eran las nueve de la mañana. —¿A qué hora te dormiste? —Aisha tenía muchas preguntas esta mañana. Él negó. —Casi no podía dormir, salí a la terraza en la madrugada y… —él se rascó los ojos, voy a darme una ducha. —Karman nos espera… —y Kaled la miró. —De acuerdo, lo haré rápido, si quieres, puedes adelantarte. —Solo le diré que vaya a un salón y le daré la orden a un guardia que lleve a la chica, que nadie lo sepa… hasta que lleguemos y decidamos qué hacer. Pero creo que es mejor que lo hablemos antes, llegar a improvisar, solo nos hará ver débiles. Kaled lo estuvo pensando toda la noche,

