“Ella y yo éramos uno mismo, tal para cual. Lastimosamente ella aun no lo sabía”
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Los días transcurrieron y las semanas también, haciéndose así un mes.
Katrine había cumplido su promesa, más rápido de lo que esperaba. Ezra se volvió un tanto cercana a ella, aunque a este en algunas ocasiones le costaba estar tan cerca de su amada. Muchas beses la había querido besar como aquella vez de su primer beso, aun podía sentir el exquisito aroma que desprendían sus cálidos labios, pero lastimosamente Katrine hizo todo lo posible por no recordar ese suceso, un gran error como ella le había dicho, en los primeros días había sentido como si hubiera engañado a Nikolai, pero poco a poco ese sentimiento fue desapareciendo.
La relación de Katrine y Nikolai iba mejor que nunca algo que provocaba ira en Ezra, que lo que más quería era destruir esa asquerosa relación *Lo hare* se decía siempre que eso pasaba por su muy dañada mente *Pronto los destruiré* se prometía a sí mismo, jurando por el mismísimo diablo que todo eso acabara y que su amada seria solo para él y de nadie más.
Katrine no le había mencionado de su amistad con Ezra a Nikolai ni a sus amigos ya que no quería que se interpusieran aunque quería hacerlo, Katrine quería que sus amigos conocieran a Ezra como ella pensaba que lo conocía, quería que ellos viesen que él no era como lo catalogaban, que era muy diferente a eso. Lo que ella no sabía era que esa personalidad solo era una cara más de las que solía demostrar el joven y no su faceta verdadera, una que le causaría mucho terror a quien lo viese.
—Deja de quejarte — dijo Katrine en medio de una risilla —Al menos fuimos uno de los mejores.
Ezra la miro molesto, lo que más detestaba era no ser el mejor, en todo. El trabajo que tenían junto había tenido una calificación excelente para Katrine pero muy mala para Ezra que estaba acostumbrado a tener la mejor calificación de todos.
—No me gusta ser “uno de los mejores” sino el mejor — gruño molesto mirando el nublado paisaje. Había sido un día lluvioso. Una de las cosas que amaba el chico era los días lluviosos por el contrario Katrine prefería los días soleados, detestaba con su vida los días donde estaba todo mojado.
— ¡Ay! ya basta de quejas y mejor vamos por un café — Ezra arrugo la nariz, odiaba el café algo que Katrine sabía a la perfección porque el mismo se lo había dicho una vez que ella tuvo la misma idea. Aquella vez solo la acompaño hasta que ella se lo terminara y por muy molesto que para él fuese el olor a café lo aguanto solo por ella, amaba verla tomarlo, en el cómo sus ojos brillaban cuando le daba un sorbo o en el como suspiraba al tragarlo como si fuese la cosa más increíble que había probado jamás. Disfrutaban tanto esos momentos que se volvió una tradición para aquella amistad.
Ezra sonrió por la insistencia de su amada y le empezó a seguir los pasos hasta aquella cafetería. Katrine había sido la única en sacarle sonrisas al joven, le gustaba verlo sonreír porque su sonrisa le parecía hermosa y sus hoyuelos se marcaban haciéndolo ver tierno.
En alguna esquina del instituto Nikolai veía como los dos jóvenes iban agarrados de las manos sonriéndose entre sí. Su cara se tornó roja de la furia, se largó de aquel lugar con un único pensamiento.
— ¿Y si hacemos una pijamada, con maratón de películas o series? — pregunto Katrine hacia Ezra. Dio un sorbo a su café esperando su respuesta.
Él la miro pensativo, preguntándose si sería bueno dormir en un mismo lugar que ella, aunque por otra parte la idea parecía perfecta podría tenerla si quisiera solo para él esa noche.
—Es buena idea, me gusta — dijo con voz ronca regalándole una sonrisa de lado. Katrine chillo contenta llamando la atención de las pocas personas que estaban a su alrededor.
—Entonces hoy a las ocho, te veo en mi casa. Mis padres no estarán así que no estorbaran — él asintió gustoso por su comentario y se dedicó a mira por la ventana el cielo gris.
Katrine era de esas personas que confiaban en los demás conociéndolas en tan poco tiempo, algo que la pobre chica debía controlar, aunque ya era tarde, ya la bestia la tenía entre sus garras y solo la muerte la salvaría de tan trágico destino que le tocara llevar.
Nikolai era un caos total, su mente lo estaba martirizando, no podía creer que su novia, la chica que amaba y con la cual pensaba tener un futuro lo estuviese engañando, y no con cualquier chico, sino, con uno el cual odiaba.
Su única forma de desquitar su enojo fue acostándose con otra chica y no con cualquiera. Laurie era una chica hermosa y coqueta, llamaba la atención donde sea. Había conocido a Nikolai por un pequeño accidente que tuvieron y desde ese momento la chica le había pegado el ojo. Estuvo detrás de él por mucho tiempo hasta que una noche logro su cometido, importándole poco que tuviera novia. Desde ese momento ambos amantes se buscaban cada vez que el deseo les ganaba.
—Ella no te merece ¿Por qué no la dejas? — dijo la rubia tocando el pecho de Nikolai, mientras ambos se abrazaban desnudos.
—No tendremos esta conversación nuevamente, ya te lo dije a ella no la cambiaría por nada ni nadie — Laurie no dijo nada más, lo que menos deseaba era que Nikolai se enojara con ella y se fuese. Se conformaba contenerlo aunque sea por una noche pero en su interior quería más, lo quería solo para ella, sin embargo la tan sola idea de dejar a Katrine le removía las entrañas a Nikolai de una forma que le causaba nauseas.
Katrine preparaba los bocadillos, la hora se acercaba y la emoción desbordaba por sus poros. Estar con Ezra le gustaba, era un gran amigo y en algunas ocasiones divertido, sin embargo no dejaba de tener cierta molestia que le causaba escalofríos.
Salió de su ensoñación al escuchar unos toques en su puerta, reparo en el reloj que colgaba en una de las paredes de la cocina, Ezra había llegado un poco más temprano de lo acordado, pensaba Katrine.
—Llegaste temprano — dijo abriendo la puerta con una sonrisa, está desapareció al ver la persona que menos esperaba.
— ¿Interrumpo algo, cariño? — cuestiono Nikolai con una fingida sonrisa para nada agradable a los ojos de Katrine.