Se hizo un silencio largo y pesado al otro lado del teléfono. ―No, no tienes que hacerlo ―dijo su madre al fin. ―Sí que tengo que hacerlo ―insistió ella. ―Eso fue hace mucho tiempo ―continuó su madre―. No quiero desenterrar el pasado. Pero Emily no iba a permitirle que siguiera recurriendo a excusas. ―Por favor ―le suplicó―. No quiero seguir sin hablar nunca de ella. No quiero olvidar. No tenemos a nadie más con quien hablar de todo esto. Ante aquello su madre pareció suavizarse, pero siguió siendo tan directa como siempre. ―¿Qué te ha hecho querer hablar de ella de repente? Emily se mordió el labio, a sabiendas de que a su madre no le gustaría la respuesta. ―En realidad ha sido papá. Me dejó una carta. ―Oh, ¿con que eso hizo? ―dijo su madre; la amargura de su voz era inconfundib

