Capítulo diecisiete Aquella noche, Emily y Daniel reavivaron su relación, olvidando todo el drama del día entre las sábanas y otorgando perdones bajo la forma de caricias y alejando sentimientos heridos a base de besos. Cuando llegó la mañana, con un brillante sol de verano cuya luz se colaba por entre las cortinas, ambos se despertaron poco a poco. ―Supongo que no voy a poder hacerte el desayuno ―dijo Daniel―, ahora que la tostadora ha explotado. Emily gimió y volvió a dejar caer la cabeza sobre la almohada. ―Por favor, no me lo recuerdes. ―Venga ―la animó Daniel―. Vamos a desayunar a Joe’s. ―Salió de un salto de la cama y se puso los vaqueros, tendiéndole después la mano a Emily. ―¿No podemos dormir un poco más? ―contestó ella―. Anoche fue de lo más agotador, por si no te acuerdas

