Capítulo dieciocho ―Despierta ―le susurró Daniel al oído. Emily se agitó y aceptó la taza de café que le estaba tendiendo, momento en el que se percató que Daniel ya estaba vestido. ―¿A dónde vas? ―Tengo que hacer unas cosas ―contestó él. Emily miró a su alrededor y vio que casi no había amanecido todavía. ―¿Unas cosas? ¿Qué cosas? Daniel le dirigió una mirada. ―Es un secreto. No la clase de secreto de «en realidad me llamo Dashiel». A lo que me refiero es que no tienes de qué preocuparte. ―Le dio un beso en la coronilla. ―Bueno, eso es de lo más tranquilizador ―replicó Emily con sarcasmo. ―De todos modos ―continuó Daniel― de quedarme sólo te molestaría. ―¿Por qué? ―preguntó Emily con ojos soñolientos. Daniel arqueó las cejas. ―No me digas que te has olvidado. ―¡Oh, Dios! ―ja

