capítulo #8

1455 Palabras
Ya estamos de vuelta. Asunto terminado en forma positiva, por lo tanto, a seguir divagando, a pensar y a rodar....... uno, dos, tres... cuatro........... cinco................... diez ...................... quince ....................... veinte postes y seguimos contando, seguimos pensando. Subiendo al carro sentí un leve dolor de cabeza. Por suerte, no es de las tan conocidas y nombradas jaquecas o migrañas, que tumban por completo a quienes lo padecen. Es ligero y que cuando da, se suele quitar en un lapso breve. No dejo de pensar en los que lo padecen fuertemente, que les impide actuar, los tumban y los dejan fuera de competencia. Después de los años de jubilación, cuando los años entran de frente, sin permiso, sin perdón y sin condescendencia, da rienda suelta a las miles de posibilidades de enfermarse, sufrir algún accidente, ya que el organismo está desaceitado, la gasolina no es del octanaje requerido y no da fuerzas y el cansancio de los años vividos comienza a dejar su huella, a pasar factura. Comienzan los famosos "achaques de la vejez" y no se sabe cómo se van a presentar. Es también la época en que uno puede ver la vida en forma positiva o negativa, como un vaso medio lleno o medio vacío. Tal vez esta actitud ejerce un gran poder en el organismo en cuanto a su deterioro, por supuesto, aparte de todo lo que se trae en las maletas de la vida. No solamente se empieza a sufrir de enfermedades crónicas y típicas de ciertas edades como la próstata, sino de una gran cantidades de malestares equivalentes a las partes que conforman el organismo. Son las llamadas enfermedades hereditarias, que vienen en combo y el organismo está 8. Otras enfermedades son adquiridas a lo largo de la vida por defecto o por accidente. O por un accidente causado a algún organismo que venía mal de la herencia, lo cual sucede la mayoría de las veces es lo más probable. Que suerte se tiene en la vida post-jubilación cuando se es sano, medianamente sano o, simplemente, bien. Cuántas posibilidades se tienen al no estar sanos. Una caída, un accidente por cargar algo más pesado de lo debido o en mala posición, algún organismo virulento infiltrado, hacen más fácil la perdida de la salud después de los 60; y luego vienen las penurias con que cargar por el resto de la vida. Y nadie le escapa en mayor o menor grado. Aún cuando de jóvenes, pensábamos que lo seríamos de por vida...... por siempre....... pero pronto, al cabo de unos pocos años, aterrizamos y vemos la realidad. Los 60 están a la vuelta de la esquina y las posibilidades de enfermarse o de sufrir un accidente son cada vez mayores y con mayor riesgo. Es en proporción geométrica. Y ni hablar de los familiares que nos ayudan, nos deben ayudar o que esperamos nos ayuden. Son los casos en los que terminamos conociendo realmente a la familia o si algunos amigos o allegados son más que familia. Son los momentos en qué los allegados familiares desaparecen porque tienen cosas más importantes que hacer o porque tienen sus propias vidas y no les alcanza el tiempo. Pero se olvidan de que todos ellos van al mismo precipicio, al mismo final de vida. Con maletas diferentes y contenidos distintos, pero a la larga, van por el mismo camino. Al mismo encuentro con la vida........... y con lo que viene también después. No se escapan por más vueltas que den, por más cirugías que se hagan o liftings que se apliquen o votox con que se quieran rejuvenecer. Siempre llega. Eso si, pueden esperar ese final, en las mejores condiciones físicas y anímicas deseadas. Mi Madre se cayó en una oportunidad en la calle y por suerte se levantó sin problemas y sin darle importancia. Los problemas vendrían después. Un par de años después. Una vez que se le gastaron los huesos de las caderas como consecuencia de la caída, se tuvo que implantar una doble prótesis de cadera. Por supuesto, fué como casi siempre, después de los 60; Se repuso, se recuperó y caminó así por muchos años. Y cómo caminó. Al final, le fallaron varios de los órganos internos, se enconpincharon y se pusieron de acuerdo para que se le presentaran una serie de descompensaciones, haciéndola viajar al más allá, para vernos desde allá, orgullosa y con una nueva forma de existencia aun desconocida por la humanidad. Pero ella está allí, arriba, viéndonos y tratando de ayudarnos con los designios inesperados de lo que aún nos queda de vida terrenal. Pasó por sus etapas de falta de memoria, de los olvidos, los cambios de ánimo frecuentes, por sus obsesiones, todos los cuales, todos, se trataron en su momento. Hay muchas formas de llegar a la edad de la jubilación. Tanto en lo físico como en lo mental. Lo mental es lo más importante. Atreves de la actitud mental, se vencen muchas afecciones o por lo menos, mantenerlas a raya hasta que por la edad real, se terminan de expander. Luego de ésto, no queda sino la aceptación. Que días tan duros. Que tristeza de días. Pero al fin y al cabo, son las consecuencias de toda una vida, llevada a cabo al estilo de cada quien. Y los que tenemos la suerte de haber llegado a esas edades de abuelos, tenemos la oportunidad de vivenciar en carne propia esos procesos. Muchos desgraciadamente, no llegan. Por lo tanto, es una bendición tener la oportunidad de padecer de la vejez y sus achaques. (?!!!!?????!!!!!!!????) Pero es así. Cuánta gente deambula en las farmacias, en las tiendas, tratando de hacer sus compritas, o si no logran ser atendidos, en las mismas calles, donde cada vez es más frecuente poder hacer las compras. No depende de su estrato social ni de su poder adquisitivo. Todos los grupos, si tienen la suerte, llegan a los 60; Si acaso, aminora algo en las oportunidades de poder atenuar los malestares, dolores o enfermedades; pero al fin y al cabo,, nada de ese posible poder económico, nos resuelve la vejez y las horas que tocan sufrir los malestares, accidentes o enfermedades. Los organismos igual envejecen y luego colapsan. Carlos aún no está en esa edad. Afortunadamente para él. Aún está joven. Por eso es que corre este carrito como sólo él lo sabe hacer Y lo hace bien. Muy concentrado. No le dije nada de lo que estoy escribiendo, ni lo sospecha. Así, andamos cada uno en lo suyo y sin problemas. Ambos concentrados en lo suyo. Claro que, al entrar al carro con mi libreta de anotaciones, le advertí que llevaba en la cabeza, un cumulo de ideas a compartir con ese cuaderno a pesar de que no me fuera a contestar nunca. Y así, le dije a Carlos, que terminaría siendo una mala compañía de viaje. Pero eso a Carlos no le importa. Está acostumbrado a transportar mucha clase de mercancía seca que tampoco le hablan. Así fué que terminé siendo como una gran bolsa de mercancía seca Seguí sumergido en mis pensamientos infinitos que abarcaban toda mi vida y a la vida misma. Pensé en todos y nadie a la vez. En todo y nada a la vez. Recordé mi infancia y mi retiro en un mismo pensamiento, pero con 65 años por medio Observé el paisaje por dónde viajamos así como también ví que los postes seguían allí. No habían desaparecido. Pero ya no los contaba. Perdí la cuenta. Así, no hubiese podido escribir ésto. Me venían e iban ideas, surgían inquietudes que se solucionaban rápida y fácilmente dentro de mí. Es que la experiencia de los años vividos, ayudan en ese campo. Miré de reojo a Carlos y ví como se entretenía en su trabajo, en su manejo, esquivando huecos, adelantar camiones, mantener una buena velocidad de crucero, cuando me percaté que el mediodía estaba llegando. Los ruidos internos estomacales avisaban para que no olvidarnos su existencia y necesidades. Pero aún nos encontramos en ruta. No habíamos llegado. Comer ahora en un paraje adecuado o esperar el regreso? - Carlos - le dije; cómo anda el hambre? Hay algún sitio cercano donde nos pudiéramos detener para comer y ............. para calmar ese insistente griterío de mi estómago? claro que la segunda parte en puntos suspensivos no se lo dije, lo dejé en reserva, seguro de que él también pensaba en lo mismo. - si sr. en un ratito llegamos a un sitio donde también hay baños limpios y varios tipos de comida. Comida de cadenas populares o a la carta. Pensé que mis pensamientos no expresados en voz alta, también le llegaron y me alegré por tener todo bajo control. - Perfecto. Allí debemos parar. Yo invito.
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