—No puedes hacerme eso —se le llenaron los ojos de lágrimas. —Lo siento mucho, es necesario. —Lo esencial es que nos apoyemos, que podamos juntos salir adelante, no cada quien por su cuenta. —No lo creo. —Entonces nunca me amaste, no lo has hecho. Y no quiero una persona que esté obligada a mi lado. Puedes irte, no te detendré, ¿es lo que deseas? —Sí —expresó. —Milenka, Burak —los llamó Lilian —. Creo que necesitan hablar, por favor, Milenka no tomes una decisión de la que luego puedas arrepentirte. —No hay nada de qué hablar. —Yo creo que sí. —Quiero salir, me hostiga estar aquí día y noche —emitió bufando. Y sin poder ser detenida, se marchó del piso. ... Con suerte no había la presencia molesta de reporteros abajo, ni ojos puestos sobre ella al reconocerla como la

