Milenka despertó de golpe, llorando, al mirarse en la habitación de hospital y no en garras de su malévola madre, comprendió que su mente había vuelto a proyectar en su cabeza el episodio vivido de terror. Las imágenes se sentían tan nitidaz aún que sacudía cada parte de su ser. No podía evitarlo. —Milenka, estás respirando muy rápido, mírame, por favor, aquí estoy, a tu lado cariño —esa voz acarició totalmente sus temores, los deshizo con su tono conciliador. —Burak, tengo mucho miedo… —lo abrazó urgida, ansiando que no la dejara nunca más. —Pero ya estás segura, preciosa. … Milenka fue dada de alta. Estaba en el piso de Burak, de nuevo. Pero su vida había cambiado drásticamente al punto de dejarlo sumergida en un dolor que no tenía límites, no existía un punto en el que pudiera

