El hombre la encontró encapsulada en las garras del llanto. Buscar, indagar y finalmente perderse entre tanta información, solo hacía más fuerte el dolor e intenso el desgarro. Burak hacía lo que podía para manejar con las emociones profundas por las que Milenka atravesaba. Después de darle consuelo, lo que duró unos minutos, logró llevarla al comedor. Se veía más tranquila, pero sabía que solo era una fachada, por dentro continuaba la tormenta que la azotaba con ferocidad. Le puso dos pieza de pizza en su plato. Ella vaciló un poco al comer, lo hacía de forma desganada. Pero a medida que le daba otro bocado a la pieza sentía que se le abría el apetito, tanto así que no solo se devoró esas dos, sino fue por una tercera y se la como con más afán. —¿Está rica? —Sí, lo está. —admitió.

