—¿Y?— pregunté al mirar su rostro, este se mantenía concentrado en aquella divina vista. —¿Qué te parece?.— insistí, era el lugar que más amaba de la ciudad… era más que obligatorio que él también lo amara. —Me has llevado a tantos lugares de mierda el día de hoy, pero... este es increíble— sonreí al escuchar lo último. Ashton era una ciudad muy tranquila y con pocos lugares en los que un adolescente se despegara. —Solo he venido un par de veces, pero cuando estoy aquí me siento relajada— suspiré para recargar mi cabeza en su hombro. En todo el día Rainer había visitado mi cabeza, aquellas facciones que realizó al escucharme esta mañana; sin duda lo sorprendí. —¿En qué tanto piensas?— preguntó mi hermano al darme las frituras. —En lo mucho que te he extrañado— mentí en cierto modo.

