Luego miró a Nico y pensó en la posibilidad de dejarlos ahí y marcharse. Luciano no le agradaba y no estaba grave, había sido solo un fuerte golpe y en algún momento se iba a levantar. No obstante, su gran sentido del deber, la instó a quedarse, a ayudarlo y curarlo aunque ese hombre no se lo mereciera. —Está muy pesado —murmuró, frunciendo el ceño. Odiándose a sí misma por ser tan empática con quien no merece un solo gramo de empatía. —Es una roca —confirmó Nico, suspirando. —Ayúdame a llevarlo a la sala —ordenó ella con tono firme. —¿Yo solo? No soy Hércules, doctora. Ni siquiera voy al gimnasio —refutó Nico como si eso fuera una misión imposible. —Pues consigue a alguien —bramó Erika, el sol ya se estaba metiendo y ella solo quería salir de ahí. Nico se encogió de hombros y des

