—Está bien. Ya puede caminar sin problemas. No hay signos de inflamación ni dolor a la movilidad. Aunque —miró al irlandés un poco de reojo, con una media sonrisa—, dudo que me necesiten otra vez. Keegan inclinó apenas la cabeza a modo de agradecimiento, sin decir nada. Sus ojos no se apartaban de Selene. —Espero verte pronto —continuó Alina, dirigiendo su mirada nuevamente a la albanesa, tomando su bolso médico—. Tal vez podamos tomar un café… o unas cervezas. Selene arqueó una ceja con diversión contenida. —Me parece justo. Gracias por venir. Alina sonrió. Fue una sonrisa real, abierta, sin juego. Le lanzó a Keegan una última mirada antes de abrazarlo brevemente y salir por la puerta principal. Apenas esta se cerró, el silencio volvió con fuerza, más denso, más íntimo. Keegan se mo

