Lo encontró en la entrada principal, ajustándose el reloj de su muñeca, listo para salir. —¿Te vas? —preguntó Alina, apoyándose casualmente en el marco de la puerta. Damien alzó la vista con una ceja apenas arqueada. Su mirada la recorrió lentamente, deslizándose por su figura antes de asentir con un leve movimiento. Alina se cruzó de brazos, mordiéndose la lengua antes de hablar. Pero la tentación de desafiarlo fue más fuerte. —Quería preguntarte algo —empezó, con un tono deliberadamente ligero. Damien no respondió, solo la observó con esa intensidad que parecía capaz de despellejar el alma. —Dijiste que no soy una prisionera aquí, ¿cierto? —soltó, manteniendo el contacto visual. —Cierto —asintió Damien, sin dudar—. Y también dijiste que mi única responsabilidad es cuidar de tu hij

