No podía dejar de pensar en las posibles amenazas. Si esto era una trampa, si alguien quería tenderles una jugada sucia… su mente empezó a analizar cada detalle. —¿Qué carajo estamos haciendo aquí? —murmuró Leonardo en voz baja, lanzando una mirada furtiva a Damien. Su tono estaba cargado de incertidumbre. Damien no respondió de inmediato, pero el malestar y la tensión se reflejaban en su rostro. Las manos de Damien, que antes estaban relajadas sobre la mesa, ahora se cerraban ligeramente, como si estuviera controlando el deseo de levantar la voz, o de hacer algo más que simplemente esperar. Esta vez, su cuerpo se tensó más aún, como si algo lo estuviera golpeando con fuerza, algo que lo molestaba. Alzó la vista, su mirada fría, pero más dura que antes, mientras la gente a su alrededor

