26| Obedece-1

1007 Palabras

Para Alina, la mansión Bellamont se volvía un eco distante. Nada importaba más que la presión de Damien contra su cuerpo, el peso de su aliento sobre su piel. El mundo exterior desaparecía, diluido en la bruma de la noche, mientras la presencia de él lo devoraba todo. Alina no podía moverse. No podía respirar sin sentirlo. Su perfume oscuro, masculino, lo envolvía todo. Su cuerpo irradiaba calor, un calor abrasador que la tenía atrapada en ese instante, en ese maldito rincón donde todo era deseo y peligro. Damien la sujetaba como si quisiera romperla y protegerla a partes iguales. Su agarre firme en su cintura, su proximidad asfixiante, la hacían temblar. Pero lo que la quemaba era el roce de sus labios en su cuello. Un contacto mínimo, sutil. Apenas un roce que alteraba por completo su

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