Días después El hospital tenía un aire pesado, una combinación de agotamiento y ansiedad. Keegan Donovan lo sentía en la piel mientras hacía su recorrido por la vigilancia. Las órdenes de Damien eran claras: nadie entraba ni salía sin que ellos lo supieran. No podían permitirse más errores, no después de lo ocurrido con el virus. Dante aún estaba en recuperación, y la seguridad era la prioridad absoluta. Keegan avanzó por los pasillos con la mirada afilada, su porte imponente intimidaba a cualquiera que se cruzara en su camino. Se detuvo junto a uno de los hombres encargados de la seguridad. —¿Algún movimiento sospechoso? —preguntó en tono bajo. El guardia negó. —Todo en orden. Nadie ha intentado entrar sin autorización —respondió con la espalda erguida y seguridad en la mirada. Kee

