La camioneta negra se detuvo frente a una fachada sin letrero. Solo una entrada con columnas de mármol oscuro, custodiada por dos hombres vestidos de n***o con insignias doradas en el cuello. Todo parecía elegante, silencioso... hasta que se abrían las puertas. Damien bajó primero. El aire nocturno era espeso, cargado de algo que no era humedad ni calor, sino una anticipación que Alina no sabía identificar. Cuando él extendió la mano hacia ella, la tomó sin vacilar. Era su mundo. Y ella, por alguna razón que no podía explicar, quería ver más. Sus tacones resonaron sobre el suelo de piedra mientras avanzaban juntos. Alina sentía las miradas. Algunas curiosas. Otras... voraces. Pero todas se desviaban cuando notaban quién era el hombre que la guiaba. Damien Brown. El líder de la mafia de N

