* * * * * * * * * La pista estaba cargada de sonidos diferentes, el olor a marihuana, cigarrillo y humanidad inunda mis fosas nasales, al pasar el umbral de las escaleras el vitoreo de todos los presentes no se hace esperar. Justo cuándo creí que había causado la tensión adecuada, entré con paso calmado y elegante, tal cómo lo había estudiado tantas veces, halé de nuevo la cadena de mí cachorrito y acerqué mi boca a su oreja. «Vamos, querido, camina.» Voy despacio, pues me tomo mi tiempo acaparando las miradas de todos, es extraño porque me muevo como si fuera la dueña, y no sólo del lugar sino también de las esperanzas de aquellos pobres diablos que me veían con codicia y hambre, cómo si fuera la manzana de la tentación. Medusa serpenteaba desde mi brazo y luego se enredaba con s

