—Vaya, esta sí que es una buena vista —el miércoles siendo las tres la madrugada y mientras ella entraba a la cocina por un poco de agua, Ethan sorprendía a Margaret—. ¡Dios! Me diste un susto, ¿se puede saber cómo entraste? —Tengo mis trucos, nunca se me ha dificultado, cuando he querido algo —Bueno, pero a la próxima avisa que vienes. Pensé que te demorarías —No hay nada, que me una a Chicago —¡Ey, que pasa! ¿Por qué estás así? —Está muerta, ella está muerta, ya no la podré ver más, ¿Por qué, porque la vida me arrebata, todo lo que quiero?, primero fueron mis abuelos paternos. Ahora mi madre ya no está, y sé que tú también, me dejaras, sé que solo soy un simple estudiante, alguien que no tiene la mínima oportunidad de seguir a tu lado, odio mi vida, la detesto —la ira y desazón qu

