La bella Erlinda me motivaba tanto que, después de conocer su historia y de saber que llevaba años inmersa en el sexo lesbico, no pude reprimirme y la besé en la boca. Ella me devolvió el “morreo” por lo que me animé a proponerla que nos liáramos. Aceptó y aunque tenía mucha experiencia, no terminaba de encontrar en ella a una fémina tan bisexual como Eva por lo que, aunque la gustaba que nos comiéramos mutuamente el chocho; que nos masturbáramos; que nos magreáramos; que nos mamáramos las “peras” y que nos metiéramos bien profundo por vía vaginal y al mismo tiempo un grueso consolador en forma de uve para que nos diera mucha satisfacción mientras nos movíamos, no estaba dispuesta a permitir que llegara a penetrarla vaginal y/o analmente con algo que no fueran mis dedos, mi lengua ó el con

