“En vista de lo calentorra que estaba y de lo fácilmente que había llegado y en dos ocasiones al clímax, dejé de excitarla, la extraje mis dedos de la cueva vaginal, la hice subirse más la falda de su uniforme para poder verla la braga y saqué mis manos de su prenda íntima que hice descender un poco para poder acariciarla el “felpudo” pélvico, en el que me limpié meticulosamente los dedos, antes de hacer lo propio con la parte superior interna de sus abiertas piernas. Mientras me mantenía ocupado con ello, Miriam, sin poder ocultar su sonrojo, me explicó que, cuándo llegué, estaba pensando en un chico que la gustaba y que la ponía mucho, lo que explicaba que se mantuviera tan abierta de piernas, por lo que la había pillado con un buen “calentón” lo que había dado lugar a que, con mis estím

