En mi anterior relato os conté La sorpresa que me llevé en mi primera visita a un s*x shop, esa visita no resultó ser la única y desde que descubrí ese cuarto en la que se me apareció esa gran polla suspiraba por volver a reencontrarme con ella. Imagino que alguno puede pensar que soy una zorra a la que le encantan las pollas y quizás no le falte razón…pero de alguna forma debo confesar que, en mi soledad, mis deseos por sentir una polla entre mis manos…me provocaban una ansiedad difícil de controlar y que en el anonimato de ese cuarto intentaba apaciguar. No tenía la sensación de hacer nada malo tan solo me dejaba llevar por un mundo que poco a poco iba descubriendo y en el que me sentía atrapada por el deseo. En ese cuarto no se cruzaba ninguna conversación, no existían sentimientos,

