En mi anterior relato os conté como pasaba las noches sola en mi habitación mientras navegaba por internet. Era una forma diferente de disfrutar del sexo que se fue convirtiendo en una pequeña adicción para mí. Una adicción que creía tener bajo control, pero lo cierto, es que muchas noches se me pasaban las horas volando mientras navegaba o mantenía conversaciones calentitas por webcam. Eran conversaciones que tan solo buscaban compartir momentos de intimidad y de alguna forma lograban que me sintiera menos sola. Me encantaba sentirme deseada y provocar la excitación de esos hombres que me confesaban sus fantasías más calientes. Disfrutaba ver como se masturbaban para mi y yo les complacía cumpliendo alguna de sus peticiones más morbosas. Pero yo seguía recordando los juegos de compli

