Nuestra relación debió de ajustarse plenamente a sus expectativas puesto que, mes y medio más tarde, acordamos seguir así indefinidamente después de obtener mi compromiso de convertirme en la “chacha” y en la fulana de los dos. Aquella misma semana Bjorn, Nicole, mi hija París y yo comenzamos a vivir juntos en mi domicilio prodigándonos en hacer tríos aunque siempre convertida en la obediente “sierva” de mis dos amos. Pero el verme obligada a atender la vivienda de Bjorn y la mía ocupándome de todas las labores domésticas, a mi hija y a mi trabajo ocasionaba que terminara el día agotada mientras Nicole lo único que hacía era ver la televisión tumbada en el sofá y jugar con París. Siempre tenía que estar a su más entera disposición para proporcionarles placer en cuanto me lo pedían y por la

