Por aquello de mejorar mis calificaciones y no tener que estudiar mucho ni realizar la mayoría de los trabajos que nos encomendaban y que requerían obtener una gran información previa, no tardé en engatusar a Frederik y a Henrik, mis profesores más “huesos”, que casi me triplicaban en edad y que, aunque estaban casados y aseguraban que seguían dando lo suyo a sus respectivas cónyuges, buscaban en la facultad lo que en su casa no les debían de dar puesto que se estimulaban visualmente con su alumnado femenino y llegaban a mantener relaciones sexuales completas con las más fáciles. Una tarde Henrik llegó a reconocer públicamente en medio de una clase que le ponía sumamente “burro”, al igual que al resto del alumnado masculino, el encontrarse en aquella aula con una joven preñada y en cuanto

