Mi venganza hacia las personas que no me permitían estar con ella apenas comenzaba. Eran demasiados los pendientes que debía resolver, que me vi en la obligación se añadir algunas personas más a mis planes; dos personas que estaba totalmente conectadas con las marionetas de mi obra. Todo fue tan calculado, que hasta el respirar de Nicholas me pertenecía. Él estaba en mis manos y aún no lo sabía. Gracias al odio tan profundo que mis socios sentían por las personas involucradas, se tornó sencillo manipularlos a mi gusto y plenitud. Uno de ellos se acercó lo suficiente a él, como para seguirle el rastro, como un sabueso tras un hueso. El segundo se encargó de llevar a Andrea al lugar donde el individuo con mayor interés la encontraría desprevenida, con las defensas bajas y la esperanza de
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