Los siguientes días fueron un borrón de reuniones, juntas, salidas con mi hija a alguna parte de la ciudad y la tan anhelada mascarada. Cada persona involucrada en la preparación del escenario, comida, música, bebidas, invitaciones, decoraciones e incluso recepción de invitaciones o estacionamientos de los autos, estaba cansado de aguantar la respiración, evitando agrietar aquella perfecta de burbuja de cristal estipulada por el Sr. Hartnett. En ese lugar se produjo un derroche de alcohol, disfraces, malas personificaciones de humanidades por completo diferentes a ellos y las mostradas cada día en las oficinas, junto a una descarga de adrenalina en las venas de sus cuerpos. Generalmente en reuniones como esas se ocultaban toda clase de pecados, desperfectos, alucinaciones e ideales de p

