Me observé de cuerpo completo en el espejo del baño, pasando las manos por el cristal, quitándole el empañamiento provocado por el frío. Estaba demacrado, con ojeras bajo mis ojos y una tenue luz en mi mirada. Por más que quisiera, no podría volver a ser el mismo de antes. Mi cabello estaba más largo, mi piel mucho más pálida de lo normal. Mis brazos perdieron fuerza, mi estómago no estaba definido como meses atrás y mi corazón no era ni la sombra de lo que alguna vez fue. Lo que más me dolía no era lo externo, sino lo interno, aquello que te impulsa a luchar y ser valiente. No sabía si tendría fuerzas de seguir adelante, terminar la batalla y elevar mi espada al aire, o dejaría que cortaran mis hilos. Giré al escuchar un suave golpe en la puerta encontrándome con Angie sujetada del umb

