―¡No pueden llevárselo! ―gritó Charles. ―Podemos, somos la policía. ―Pero, ¿cómo es posible? ―inquirió. ―Recibimos nueva información sobre el caso, de una fuente bastante buena. ―¿Quién? ―preguntó Erika. ―Leonard Clarke, el novio de la occisa. Mis demonios me persiguieron y fatídicamente me encontraron. Literalmente no había salida, estaba acorralado, preso de mi oscuro pasado. Supuse que habían llevado tantos policías por el hecho de que era una persona un poco violenta, cuando me proponía serlo, pero en ese momento lo que menos pensé fue en desatar la bestia, comenzando, porque no tenía motivos por los cuales hacerlo. De lo que fui acusado era verdad, no había calumnias, y siempre pensé que tarde o temprano debía pagar por lo que hice, y ese día llego más tarde de lo esperado. Est

