—Vine a proponerte un pacto—. Karen todavía le sonaba la frase de Michael en la cabeza como si se tratara de un eco, lista para buscar trabajo se encontraba con el tormento de sus sueños que no la venía a buscar porque la amara o porque hubiese regresado su memoria sino a proponer ¿qué?. —Primero, para no romper con la cortesía, buenos días Michael, ¿Cómo estás?, te noto un poco ansioso—. —Estoy bien y si estoy un poco acelerado—. —De acuerdo, creo…, voy de salida y sabes que no me gusta ser impuntual, ¿en qué puedo servirte?—. —Necesito que hablemos por favor—. —Y ¿no puede ser quizá en la tarde, mañana o nunca?, ahora voy a varias entrevistas de trabajo—. —No—. —¿Y eso por qué?—. —Vengo con toda la humildad que tengo a pedirte la oportunidad de ofrecerte un trabajo y para resarc

