Perales me pidió aceptar a una alumna, Dorotea Modesti. -Se le hace difícil aprender las matemáticas. ya sabes, estamos en álgebra y requiere mucha concentración-, me dijo delante de Campos. Él estaba de acuerdo. -Creo que tú tienes más paciencia, Vanessa-, me aupó a aceptarla en mis clases. Ella tenía 42 años, trabajaba en costura, alegre, divertida, distendida, sin embargo tenía déficit de atención y se enredaba con los números y las fórmulas. En el resto de las materias iba bien y no tenía mayores problemas. Acepté encantada. A Dorotea, en realidad, no le interesaban las matemáticas. Nunca le gustaron los números, odiaba multiplicar y no sabía dividir. Sus calificaciones eran bajísimas. -Debes estar más concentrada, Doris (así le decía yo), tus compañeros están muy adelantados-, le r

