Y fue que llegó el noveno asalto. Nunca lo voy a olvidar. Estaba aún más nerviosa, mis ojos estaban repletos de lágrimas, temblaba, sentía mi corazón reventando en pedazos y había mucho fuego en mis entrañas, calcinándome. Brown me vio con las furia pintada en sus ojos. Su rostro desencajado, la ira dibujada en toda su cara y hasta me hizo un gesto con sus guantes, de que me cortaría el cuello. Yo me quedé quieta en mi asiento, mirándolo desafiante. El campeón atacó a Fabricio con una furia incontrolable. Se había vuelto un búfalo descontrolado, daba bufidos atemorizantes y de sus narices salía más humo que un ferrocarril. De repente, lanzó un puñetazo que pareció un meteorito surcando el espacio, incluso parecía cubierto de fuego, buscando la cara de mi alumno. Tapé mi boca con mis manos

