Este cap es un salto en el tiempo. algo que será en el futuro, aclaro, para que no se confundan.
Dicen; que cuando mueres, ves tú vida pasar con imágenes vividas, de todo lo que as hecho, a veces me preguntó si eso es verdad o solo un invento más.
Sonrió mientras bebo de mi whisky preparándome para lo que viene.
Tal vez hoy vea pasar mi vida frente a mis ojos, pues no sé si saldré de esta, pero estoy segura que no se las pondré tan fácil miro a mis dos chicas que están sobre mi escritorio dos Glock doradas, que son mis más fieles compañeras, ellas están listas para la acción, pero sobre todo para matar.
A fuera se escucha las detonaciones de armas, gritos de terror se escuchan muy cerca, y se que pronto vendrán por mí.
Y sí, efectivamente mi hora llego, justo cuando la puerta de mi despacho es derrumbada por ella entran tres idiotas.
Los cuales al verme me disparan intentando hacer lo que muchos an querido pero ninguno a logrado... Me cubro con mi escritorio, esquivando con éxito las balas.
Sin ellos verlo venir salgo de mi escondite enfrentándolos disparando sin fallar, matando los con mi buena puntería.
Pero no sé en qué momento entro un cuarto cabron y tomándome desprevenida me toma por la espalda, siento un brazo presionar mi cuello, entonces impulso mi cabeza hacia atrás golpeándolo en el rostro dejándolo así aturdido.
Logro soltarme, de su agarrare volteo para verle. Y cuándo su intensa mirada azulada choca con la mía, por un momento me descoloca pues conozco muy bien al dueño de esos hermoso ojos.
— Hola, gatita.
Por un instante olvidó todo, solo lo veo a él, pensando un poco en el pasado. El aprovecha mi desconcierto, y sacando su arma me apunta con ella, sonrió pensando en lo irónica que es la vida.
— Así que era verdad, ahora eres de los perros que andan persiguiendo mi culo.
Él ignora por completo mis palabras, y con su aspecto rudo y serio dice; — Estás arrestada bajo los cargos de narcotráfico, asesinato múltiples todo lo que digas...
No lo dejo continuar. — Sí, sí, ya esas palabrería me las sé. Lo importante aquí es que yo no pienso ir a la cárcel la única manera es que me dispares así que vamos hazlo.
— ¿Piensas que no soy capaz? Pregunta, pero mi cuerpo solo tiembla al tenerlo tan cerca.
— ¿Lo harás? Le devuelvo la pregunta. En ese instante solo estamos él, y yo, en un duelo de miradas. Intentando decir tantas cosas, pero es mejor callar.
Entonces escucho pasos acercarse y aprovechando su descuido, presionó un botón en mi reloj, pronto caen unas rejas con barrotes en la puerta, y sobre Ian cae una jaula dejándolo encerrado.
Se que el no me disparará pues yo tampoco lo haría, lo extraño es que pensé que se pondría como loco, pero no, solo está ahí. Sin moverse como si supiera lo que pasaría. Ni siquiera está sorprendido.
— No escaparas gatita, ¿Por qué no solo te entregas?
— Jamás lo haré, tú lo sabes.
Le sonrió y dando la vuelta camino hacia la gran ventana de vidrio coloco explosivos y me alejo, la detonación me deja algo aturdida.
Veo a Ian observarme y decido hablarle una última vez.
— Ya deja de perseguirme, porque la próxima vez no te encerraré como un animal, solo te mataré como uno.
Él me sonríe, de esa manera que siempre me descolocaba.
— Sabes que ninguno de los puede accionar el maldito gatillo, pero llegará el día que por fin me olvide de tí, de lo que fuimos, y al fin lograré liberarme de tu falso recuerdo.
Sus palabras me hacen enojar mucho, así que me acerco hasta él, Ian hace lo mismo, hasta que solo nos separan las rejas.
— Jamás me diste la cara, ni repuestas.
Lo miro fijo, pues aunque me odie, prefiero eso, a qué me tenga asco, o lastima.
— Tú, no las pediste. – Le respondo, como si nada me importará. — Tú, solo aceptaste todo sin rechistar, ahora no me culpes solo a mí.
Trato de sonar segura, y lo más fría posible, pues no quiero demostrar nada por él.
— Te amaba, y tú, solo jugaste con eso. – Sus palabras me dejan muda, queriendo desaparecer, así que solo hago lo que es mejor para ambos dar la vuelta e irme.
Pero Ian me toma del cabello, y su otra mano va hacia mi cuello, tomándome con fuerza.
Siento su respiración cerca erizandome la piel.
— ¿Dime algo gatita? Escuchar ese apodo de sus labios es algo que me tiene mal. Lo único que quiero hacer es alejarme rápido.
— ¿Lograste borrarme de tu mente, de tu piel, alguna polla a logrado satisfacerse como la mía? Y lo más importante, ¿Llegaste a amar a alguien como me amaste a mí?
— Oh, claro que no, tú nunca me amaste, pues no sabes amar, solo te interesa el dinero por eso te fuiste.
— Solo andas saltando de polla, en polla, viendo a quien le sacas más provecho. Pero ¿Sabes algo? Me das lastima, pues aunque tengas dinero todo eso es sucio como tú.
— Conmigo lo tendrías todo, pero veo que para tí, nada es suficiente.
Cada palabra dicha por él, dolió como nunca imaginé, siento mi corazón destrozado una vez más, un par de lágrimas abandonan mis ojos y es lo único que me permito.
Trato de alejarme pero su agarre es firme. — No escaparas, no está vez.
— ¡Ya cállate! Ian, solo supéralo– Le grito, pues no quiero quebrarme delante de él. Así que decido seguir alimentando su odio por mí.
— Sabes qué, tiene razón, me fui porque quería más, y tus folladas ya me eran aburridas.
Dicho eso, siento su agarre en mi cabello con más fuerza, mi cuero cabelludo duele, pero es algo que no me importa. Pues no sé compara con el dolor, de verlo a él.
— ¡Eres una perra! Que ciego estube por tí. – Rio con ganas solo para ocultar mis sentimientos.
Se que ya no tengo tiempo, debo irme ya, es hora de decir adiós una vez más.
Así que saco mi puñal y clavándolo en su pierna logro que me suelte, lo escucho maldecir, mientras me ve con odio.
— Te perseguiré siempre, aunque corras y te escondas, incluso bajo tierra, allí, te encontraré. No descansaré hasta verte encerrada en una maldita celda, o quizás... Muerta.
Dejando sus palabras, y amenazas atrás, camino hacia la ventana y justo en ese momento llega el helicóptero, me volteo mirándolo una vez más. En sus ojos se refleja la pura irá. Pues sabe que no podrá atraparme, al menos no ahora.
— Esto solo acabará, cuando uno de los dos ya no exista en el mundo. ¿Verdad? Le digo, pero no espero respuesta pues solo salto, tomando el cable que guindaba del helicóptero.
Mientras nos alejamos, veo como todo el edificio es un caos, pero lo que no me deja tranquila son; sus palabras, pues sé, que él no se rendirá, seguirá buscándome y ya no sé si quiero seguir huyendo de él.