En cuanto llegue a la casa llame al abogado que Sara me había recomendado. Esta vez solo regrese yo solo ya que protección infantil se había llevado a Leo al orfanato para que pudiera quedarse ahí hasta que yo o alguien más pudiera adoptarlo. Teclee el número y luego lo marqué para seguido esperar a que contestaran del otro lado de la línea. —¿Quién habla?— preguntó la persona del otro lado. —Buenas noches, mi nombre es Augusto Russo. El motivo por el que me comunico con usted es porque quiero iniciar los trámites de adopción y la trabajadora social me pidió que consiguiera un abogado que pudiera ayudarme. —¿Como consiguió mi información de contacto? —Cierto, no lo he mencionado. Mi mejor amiga, Sara Collins me lo dio. Ella me dijo que usted era un excelente abogado. —Ya veo— s

