Dana. Estaba con mi hermana, consolandola tras el desastre de su vida, de la mia de la de todos en casa. la llamon, atendió el teléfono. —Dime, Tomás. Estoy de reposo, no voy a ir aún, me siento mal, ¿Qué parte no entiendes? —dijo Dora con desdén. Es mi hermana, la quiero, pero es una maldita bruja, me humilló y me trató horrible, no debí decirle a Damián nada, pero estaba muy molesta con ella, me volvió a golpear recién acababa de llegar de la clínica. Si la gente supiera qué clase de persona era. —¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? Control de daños, anda, ya, llama Lucila, ella se va a encargar —gritó al teléfono desesperada. —¿Qué pasó Dora? —pregunté angustiada, ella se veía mal. —¡Tuvo que ser André! o no sé, siento que me voy a desmayar, Dana, tráeme algo —me dijo. —¿Qué pasó? —insistí

