Me sentí mal por Aitana, pero no quería tener que darle todas esas explicaciones oscuras sobre Dora abortando a mis hijos estos años, ella con su juventud, estaba molesta, ya se le pasaría, pensaba. La amaba y de no ser porque ella existía en mi vida, me habría vuelto loco, o nunca hubiese descubierto a Dora, me habría casado con ese monstruo engañado. Aitana fue mi salvación. Mi amor por ella solo crecía, mi dulce y sensual Aitana. Estaba en mi apartamento echado en mi cama, escuchando música relajante, tratando de meditar y dejar ir la amargura y tristeza que sentía cuando escuché que la puerta sonaba con insistencia. Me levanté, estaba un poco más calmado, necesitaba más tiempo para procesar todo, pero podía abrir la jodida puerta para poder volver a lo mío. —¡Sorpresa! —gritó Damián

