Diana era un manantial de comportamientos inesperados, pensé que se quedaría tiesa como un madero e insistiera en lavarse las manos o detenerme a la fuerza si es que yo le importaba. Pero en vez de eso lo que hacía era lo de alguien a quien no le importa incriminarse, estaba ayudándome a preparar todo. Sin embargo cada vez se sorprendía más y me miraba con esos hermosos ojos muy abiertos, sobre todo cuando llamé por radio y avisé a las autoridades que en casa había fuego, un incendio que comenzaba a salirse de control. Y bien sabía yo que las huellas o pruebas peligrosas podrían perder su utilidad y eficacia al arder y que valga la confusión y la probabilidad de todo, no les sería fácil a las autoridades tener las pruebas necesarias para incriminarme o incriminarla

