Este fuego arrasador me consume por dentro y, pese a que han pasado dos horas de haber conocido a esa mujer y presenciar el beso que le dio casi en los labios al señor Lacroff, los celos todavía me queman y, por más que he tratado de pensar en otra cosa o simplemente enfocarme en las lecciones, no lo he logrado. Esta rabia arde dentro de mí y me pone irritable. —¿Qué estás haciendo, Layla? —¿Pinto? —ironizo con tono soberbio. Él me mira con sorpresa. —Obvio que estás pintando, pero no estás siguiendo mis instrucciones —se queja con el ceño fruncido. —Claro que sí. Hago todo lo que me está diciendo, ¿qué no lo ve? —Él suspira. —¿Qué demonios te pasa hoy? Has estado distraída y malhumorada en toda la clase. —No me sucede nada, ¿acaso debo estar molesta por algo? —Ilumíname, por favor

