El señor Lacroff y yo recorremos las calles del pueblo agarrados de mano. Estoy impresionada por la belleza de este lugar de ensueño y entiendo a qué se refirió él cuando dijo que era un sitio exclusivo. Es que aquí todo es lujo y belleza, de una manera que pretende ser sencilla, campestre y con la naturaleza de protagonista, pero glamurosa. No quiero regresar a la ciudad. —Me gusta que casi todo aquí es hecho en piedras y ladrillos. Me recuerda a esos pueblos de los cuentos de hadas —comento mientras observo cada detalle a mi alrededor. —Eres como yo, en cuanto a ciertos gustos. A mí me encanta la naturaleza. Una de las cosas que más amo de este lugar son sus flores exóticas y el aroma que estas destilan. —Apunta en dirección a unas flores amarillas que decoran un café. Las calles de a

