—¿Por qué no salimos a recorrer el pueblo hoy? —propone él mientras me acaricia el cabello. Ambos estamos acostados uno frente al otro, mirándonos como tontos enamorados. Anoche quedamos tan agotados, que nos dormimos después de hacer el amor y hasta ahora nos despertamos. No sé qué hora es, solo estoy consciente de que ya es de día porque los rayos del sol se cuelan por las ventanas. —Eso suena bien. Pero necesito comer antes, estoy que muero de hambre. —Por supuesto, pequeña. ¿Qué quieres desayunar? Puedo llamar a una de las chicas para que nos preparen algo delicioso. —Ummm... —Me pongo un dedo sobre los labios—. No llames a nadie. ¿Puedo preparar el desayuno yo? —pido con timidez. Quiero vivir la fantasía de que estamos recién casados y yo le hago el desayuno a mi marido. —Eso ser

