Las gotas de agua calientes me acarician la piel mientras me sumo en mis pensamientos, que más bien es arrepentimiento. ¿Cómo pude osar en reclamarle al señor Lacroff una explicación a la que no tengo derecho? ¿Qué me importa a mí a quién él trae o no a su hacienda? Soy una tonta. ¿Cómo lo miraré a la cara ahora? Me estrego el cuerpo y termino de bañarme; al salir, me lo encuentro a él desnudándose. Cuando termina de quitarse la ropa, la echa en un canasto, toma una toalla del armario y entra al baño en un silencio gélido que me provoca escalofríos. Todo iba tan bien, ¿por qué tuve que arruinarlo? Las lágrimas me inundan el rostro. Me visto con rapidez para no estar aquí cuando él salga. Me duele mucho su frialdad. Tirada sobre un sofá, medito acerca de la relación extraña que tenemo

