—¿Qué hace ella aquí? —interpela la bruja de forma despectiva. Esta mujer ya me tiene harta; siempre me trata como si yo fuera una peste. —Vino a traerle un regalo a Ángel —responde la señora Elena con una sonrisa pícara—. Ah, y a tomar algunas lecciones pendientes —agrega. ¿Es mi impresión o esa señora sospecha sobre su hijo y yo? —¿No es suficiente con darle tutoría tres días a la semana, Ángel? Además, se supone que iremos a llevar a Elena al aeropuerto. Y ni de juego esta mujer se subirá en mi carro. Lo acabo de lavar. ¿Perdón? ¿He pedido yo subirme en el vehículo de este demonio? ¿Qué quiere decir con que ya lo lavó? Siento que la sangre me arde y se me sube la bilis a la garganta. Aparte de que besuquea a mi chico, también me humilla. —En ningún momento le he dicho que me subir

