—El jefe estaba tan feliz el viernes. Aunque trataba de disimularlo, en su mirada se le reflejaba la alegría —me cuenta Inés mientras prepara el delicioso café que acostumbra a hacer—. De todas las veces que había cumplido años, esta es la primera que lo vi pasarlo tan animado. Tengo cinco años trabajando en esta casa, y los primeros tres el joven vivía encerrado la mayoría del tiempo y depresivo, recibía a sus alumnos con su cara dura; las pocas veces que salía era para ir a sentarse al parque, donde acostumbra todavía a ir, y a ciertos eventos de arte al que estaba obligado a asistir, pero siempre mantenía esa mirada triste y frívola. »La única que lograba sacarlo de su rutina un poco era la señorita Mariana cuando venía de visitas. Por eso estoy feliz de que se haya mudado en esta ciud

