Fiorella estaba reacia de colaborar con Renato. Aunque tenía el dinero y el poder para comprar a quien sea, eso no aseguraba que su bastardo sobreviviera al viaje y que, además, en ese sitio pudieran ayudarlo. Nada era demasiado probable ni demasiado predecible. Sin embargo, ahí estaba él, en su avión sin siquiera despedirse de ella, llevando a un pálido niño en las manos y a una anciana llorona a un costado. Ella suspiró. -No puedo creer que este sea mi primer encuentro con la familia de mi hombre- se quejó hablando sola. El chófer estaba acostumbrado a sus arranques de locura perenne- Vamonos. Llévame a… Un bordello- sonrió y el auto arrancó. Él vio alejarse el deportivo de Fiorella. Le daba igual, en ese momento, nada más que el dinero de ella le interesaba. Mandó a dos hombres que a

