- ¡Señor! ¡SAÚL, SEÑOR! - Saúl frunció el ceño al ver a la chica a quien cariñosamente apodaron como “negrita” desde que era una niña cuando su madre y su padre la engendraron trabajando en los cultivos de cacao de la misma compañía, ella estaba tendida en el suelo de su despacho en un mar de lágrimas, sus rodillas sangraban y su cabello estaba desbaratado, su rostro sucio y empapado de mocos y saliva, y tras ella venían los empleados de seguridad de la chocolatera quienes parecían haberla perseguido desde hacía un rato de lo cansados que venían sudados y agitados.-¡SEÑOR, SEÑOR, LO SIENTO TANTO!- exclamaba a gritos, Saúl intentó ver si tenía alguna herida física que le causara tanto dolor y a la vez esos gritos- ¡LO LAMENTO, SAÚL! -No pudimos detenerla.- los vigilantes la miraban con ext

