—Estoy de acuerdo con Bernard— dijo Dagny, su voz pequeña pero feroz. Ragna dirigió sus ojos azules a Dagny, pero la bruja con rizos rubios y rosados apretados se mantuvo firme. —La casa estaba vigilada pero ha habido oportunidad de que alguien se cuele.— —Dagny, ¿te das cuenta siquiera de lo que estás diciendo?—Preguntó Ragna con los ojos muy abiertos y horrorizados. —¡Ha estado actuando extraño toda la semana! ¡Y bueno, huele un poco a su magia!— Bernard dejó escapar un suspiro de molestia y miró a Dagny. —Puedes quedarte.— Se volvió hacia Ragna. —O ayudas o te vas, ya has hecho suficiente daño.— -¡Cómo te atreves! ¡He observado esta región durante años!— —¡¿Sabes lo que le habría hecho?! ¡La volvía loca! ¿Vas a dejar morir a otra persona inocente y encubrirlo? ¿Crees que su pareja

