Asentí y dejé escapar un suspiro tembloroso mientras ella pasaba sus dedos suavemente por mi mejilla que estaba hinchada. Sería un moretón enojado por la noche. Debería saberlo, no era la primera vez que manchas negras y azules cubrían mi cara. —Te traeré un poco de hielo para eso. Lamento que esto te haya pasado, de verdad que lo siento—. Asentí mientras ella comenzaba a poner antiséptico en mis costados donde uno de los pícaros me había agarrado con sus garras. —Lo que quise decir antes, bueno, digamos que el resto de la manada no es estúpido. La luna no empareja a una hembra como tú con un macho como él sin ninguna razón—. La miré mientras mi lobo se movía. Era como si todas las señales apuntaran en una dirección que todavía parecía sorprenderme. La idea era una locura, pero en el mis

