Él se rió suavemente y besó mi hombro. —Está bien, sol, continúa—. —¿A qué te huelo?— Se quedó un poco quieto. Sentí que su bestia se detenía y se acercaba a la mía mientras su corazón latía con fuerza. Podía escuchar el débil sonido de él oliendo el aire, absorbiendo mi olor antes de que volviera a retumbar. Esta vez, fue más por deseo que por rabia. Volví mi rostro que se sentía pesado y lo miré. —Dime—, lo empujé suavemente. Dejó escapar un largo suspiro y asintió. Sus labios encontraron mi frente antes de apoyar su cabeza en la cabecera detrás de nosotros. —¿Recuerdas cuando te dije que me asustabas, bueno, más bien lo que me haces me asusta?— Asentí adormilado. —Sí.— Suspiró un poco y volvió a besar mi coronilla. —Cuando te vi por primera vez, me enteré de ti por primera vez, pe

