BLAKE El sonido del teléfono rompió el silencio como un disparo. Tres tonos. Y un número que no existía. Ni en bases, ni en registros, ni en satélites. Matt y yo intercambiamos una mirada. Saanvi estaba detrás, en el sofá, abrazando una taza fría de té. Sus manos temblaban apenas. El reflejo del teléfono iluminaba su cara. Contesté. —Ashford. Silencio. Solo el zumbido de fondo, eléctrico, sucio, como si alguien respirara a través de una máquina. —Habla —dije. Nada. Un chasquido leve. Y entonces, la voz. Distorsionada. Demasiado controlada para ser improvisada. —Manténganse fuera de esto. Cada palabra cayó como una sentencia. Matt levantó la vista del monitor. Su rostro cambió. Saanvi dejó la taza sobre la mesa con un golpe sordo. —¿Dónde está? —pregunté, sin perder

